Bueno, no suelo escribir historias donde la tecnología y las armas sean lo principal, pero para un proyecto de relato de ciencia ficción ambientado en su propio mundo, quería primero dejar un trasfondo claro de tecnología y armas (pues en el relato principal habrá ambas cosas). Así que eso, he creado este relato experimental de "pornografía tecnológico-armamentística" como base para hacer otro, espero, de mejor calidad.
Espero que os guste lo suficiente de tal manera que no me sonroje de vergüenza.
Ahí va:
Crucero de batalla
La oscura silueta de la astronave
cortaba el silencio del vacío como una navaja. Los motores de
plegado y los aceleradores nucleares estaban apagados, sin embargo,
la inercia y la gravedad movían el navío en órbita alrededor del
gran sol rojo.
Estaban de caza.
* * *
La colonia del cuarto planeta del
sistema venía denunciando ataques continuados desde hacía casi una
semana estándar. Los ataques consistían en rápidos bombardeos y
golpes de mano desde la órbita por parte de un navío no
identificado. Las exiguas defensas del planeta fueron desmanteladas
en los primeros ataques. Fue una suerte que pudieran enviar un
mensaje de plegado al puesto militar más cercano antes de destruir
sus puestos de comunicaciones.
Ante la amenaza, se envió un crucero
de batalla de la Sociedad de Naciones Terrestres, el Acoma,
con la misión de identificar y neutralizar a la astronave enemiga.
El
crucero partió a toda velocidad, con un plegado completo que le
permitió alcanzar el límite de la gigante roja en menos de cuatro
días tras el aviso. Al llegar al límite del sistema, se redujo la
sombra de masa del Acoma
apagando los motores de plegado. También se apagaron los
aceleradores de fusión nuclear para evitar enviar ondas detectables.
Tardaron un día más en llegar a las cercanías del planeta.
Utilizando sensores pasivos, no detectaron tecnología alguna creando
emisiones, por lo que la tripulación supuso que la colonia había
sido destruida en su mayor parte. Una vez el Acoma
cazara a su presa se enviaría un navío de socorro Por ahora no
podían prestar ayuda a la pequeña colonia. Si lanzaban naves de
rescate, detectarían el crucero y, posiblemente, la nave enemiga
huiría o les atacaría por sorpresa. El crucero de de batalla,
además, no estaba diseñado para contener a miles de refugiados.
Aprovechando
el impulso gravitatorio del planeta, los tripulantes del Acoma
alcanzaron una órbita ventajosa alrededor de la estrella apenas
utilizando sus motores, mediante el cálculo adecuado del impulso.
Lanzaron varias sondas muertas
(es decir, sin motores, para evitar su detección) por el raíl de
lanzamiento electromagnético, que las colocó en órbita de tal
manera que cubrieran todo el sistema.
Ahora sólo quedaba
esperar antes de actuar.
* * *
Al no
poder utilizar sensores activos, que descubrirían la posición de la Acoma, debían
confiar en sensores pasivos que detectaran radiaciones emitidas por
el enemigo, sombras de masa (si el adversario iniciaba un motor de
plegado) y detectores de brillo con la estrella.
Si un objeto pasaba
por delante de una estrella, esta bajaba su brillo, aún en
proporciones ínfimas. Ése objeto podía ser un planeta, un
asteroide... O una astronave enemiga.
El Acoma
esperó durante cuatro días más hasta que una lectura del detector
de brillo dio una lectura extraña. El ordenador tenía un programa
que filtraba de manera bastante efectiva las posibles faltas de
brillo de una estrella, para así diferenciar las causas naturales de
las artificiales. El objeto que producía una falta de brillo daba un
resultado de un 77% de probabilidad de ser artificial. Según los
archivos de tráfico del crucero, no había ningún satélite
registrado en esa órbita.
El capitán del Acoma tomó la decisión de salir del modo silencioso y fijar
el posible blanco. Si era el objetivo, no tenía escapatoria. Si no
lo era, lo perderían, pero era una lectura muy prometedora.
Se encendieron los
sensores activos y en menos de diez minutos el Acoma tuvo
confirmación del objetivo: se trataba de una fragata ligera de los
rebeldes antarianos. Según la información de inteligencia de la
nave, se trataba de la fragata Orgullo de Antares, responsable
del ataque y saqueo de multitud de colonias en los últimos diez
meses.
Al detectar las
emisiones, el Orgullo intentó escabullirse aprovechando el
empuje gravitatorio de la órbita, intentando interponer el Sol entre
la fragata y el Tacoma.
El crucero de
batalla debía actuar antes de que la fragata enemiga se escabulliera.
Al estar a una UA de distancia, los láseres no iban a ser útiles,
así que el capitán decidió enviar un obús autopropulsado dirigido
de larga distancia (comúnmente llamado torpedo interorbital). El
obús despegó desde el acelerador lineal central del Acoma
para alcanzar la máxima velocidad posible sin que el proyectil
tuviese que recurrir al combustible propio. Una vez lanzado, tardaría
casi media hora en alcanzar el objetivo, con lo cual el crucero se
puso en marcha: al igual que el Orgullo, aprovechó la
gravedad de la estrella y conectó los aceleradores de fusión y el
motor de plegado. Además lanzó cuatro drones de combate para que se
adelantaran, ya que al no estar pilotados por humanos, podían
alcanzar aceleraciones superiores y llegar antes que el Acoma.
El combate que
siguió fue más una especie de silenciosa y eterna caza del gato y
el ratón: el crucero trataba de atrapar y alcanzar a la fragata
mientras ésta trataba de compensar su falta de aceleración usando
las fuerzas físicas a su favor e intentando interceptar con sus
láseres el obús y los cuatro drones que el Acoma le había
lanzado.
Interceptar el obús
no era tarea fácil: el obús portaba varios sistemas de defensa,
como pequeñas cúpulas de láser para interceptar proyectiles
sólidos, además de una superficie reflectante para lograr desviar
la mayor parte de la energía fotónica de los láseres contrarios.
Además, el material exterior del proyectil estaba diseñado para
disipar el calor, con lo que el torpedo debía exponerse a un haz de láser
mucho más tiempo del habitual hasta ser destruido. Eso sin contar
con que el proyectil, una vez que detectaba los primeros haces de
láser, comenzaba un baile de maniobras evasivas para evitar que los láseres del enemigo se mantuvieran mucho rato en el mismo punto,
lo que sería su perdición.
Aún así, la
fragata contaba con suficientes baterías de láser como para
derribar con una alta probabilidad el torpedo. De ahí que se hubiesen
lanzado los drones.
Los drones eran
objetivos difíciles de acertar y bien armados con dos láseres de
defensivos y un potente haz ofensivo. Su objetivo era destruir las
cúpulas de láser y los lanzadores enemigos para que el torpedo
pudiera alcanzar el objetivo. Así, mientras los drones distraían a
las baterías enemigas, además éstos se encargaban de dejarlas fuera
de combate, aumentando las probabilidades de que el torpedo alcance
el objetivo que, en este caso, eran los motores de fusión y de
plegado.
Así, los drones
consiguieron destruir casi todas las defensas exteriores del Orgullo,
aunque uno de ellos quedó fuera de combate por un certero haz que alcanzó el "cerebro" del robot espacial.
Instantes después,
la ojiva del torpedo se abrió, dejando visibles cinco pequeños
misiles con cargas de fusión ligeras. Los misiles salieron del
torpedo a apenas un kilómetro de distancia impactando al instante en
los aceleradores de fusión y los motores de plegado, destrozando
toda la popa de la nave y parte del negruzco y brillante exterior,
lanzando un destello visible desde millones de kilómetros de
distancia.
El Orgullo,
sin impulsión, pegó un "frenazo" al pasar al espacio real,
aunque siguió la trayectoria debido a su inercia. Desesperadamente,
la fragata intentó desplegar velas solares como sistema de impulsión
de emergencia, pero fueron rápidamente desgarradas por los tres
drones restantes.
El Tacoma,
diez minutos después, consiguió alcanzar la fragata enemiga e
igualó su velocidad, manteniéndose a un kilómetro de distancia. El
capitán ya había ordenado a la infantería de marina que se
preaparara para un abordaje. Podía haber rematado la nave en ése
instante con un dardo del acelerador lineal, pero quería
prisioneros.
El abordaje era una
de las operaciones más peligrosas que se podían llevar a cabo entre
dos naves de batalla. A menos que se consiguiera eliminar las
defensas exteriores de la nave enemiga, el abordaje era poco menos
que un suicidio. Luego, una vez las tropas entraran en la nave,
debían eliminar las defensas una por una. Las naves de guerra
diseñaban su interior para ser fortalezas. Cada pasillo y cada
habitáculo era una defensa formidable. El objetivo era evitar que el
enemigo intentara el abordaje, que éste fuera tan difícil que al
final decidiera desistir o bien que las bajas causadas por el
abordaje fueran tan cuantiosas que consiguiera una victoria pírrica.
En todo caso, para la nave abordaba no había muchas esperanzas a
menos que tuviese navíos aliados cerca, ya que no tenía
escapatoria.
Para este abordaje,
el capitán del Acoma se decidió por la clásica nave de
asalto con una escolta de infantería pesada y drones a su alrededor.
La nave de asalto, que portaba un pelotón de 30 infantes y 12 drones
de combate de 0G, intentaría acoplarse a una zona de la nave que
fuera ventajosa para el asalto, como el centro, aunque a veces se
prefería una escotilla para entrar con mayor rapidez (sin embargo,
solían estar mejor defendidas). Una vez acoplada, la nave tardaría
unos 10 minutos en crear una abertura artificial por el que los
infantes y los drones de combate pudieran entrar. En esos 10 minutos
podían ocurrir muchas cosas. Esa es la razón de que la nave de
abordaje estuviera escoltada por una escuadrón de infantería
pesada.
La infantería
pesada llevaba un exoesqueleto blindado con armas pesadas que
permitía enfrentarse a casi cualquier enemigo, tanto en el espacio
exterior, como en tierra (o incluso bajo el mar, a profundidades
moderadas). Para abordajes, solían llevar el llamado lanzador de
pies. Éste era un acelerador lineal tremendamente largo con un
escudo blindado desplegable en la punta. En el espacio, ponían los
pies sobre el escudo, de tal manera manera que atacaban al objetivo
"cayendo de pie" mientras disparaban. Esto ofrecía menos
silueta para acertar a la infantería pesada y aumentaba su blindaje.
Una vez llegaban a la superficie de la nave enemiga, activaban las
suelas magnéticas de su armadura, cogían el lanzador a la manera de
un rifle y replegaban el escudo para aumentar su visibilidad, creando
un perímetro de seguridad alrededor de la nave de abordaje y
vigilando especialmente las escotillas enemigas, por donde pueden
salir nuevos enemigos, además de ojo avizor a torretas ocultas que
pueden aparecer de improviso de la nave enemiga. Las torretas ocultas
eran la causa de baja más común en estas tropas en los abordajes,
así que tenían mucho cuidado con ellas.
Tal y como se
describió ocurrió la maniobra. La infantería pesada eliminó a
unos cuantos infantes enemigos que habían creado fortificaciones de
emergencia en la superficie de la nave enemiga y consiguió eliminar
dos torretas ocultas, siempre manteniendo la formación con la nave
de abordaje. Los tres drones siguieron patrullando la superficie del
Orgullo, en busca de adversarios.
La nave de abordaje
se acopló a la fragata y en diez minutos consiguió hacer un
boquete. Antes de que entraran las tropas, se despejó la habitación
con un emisor de microondas que achicharró todo ser vivio y circuito
dentro de la habitación, además de disparar varias cargas de
fragmentación por si acaso.
Primero entraron
los drones rápidamente, flotando. Crearon un perímetro de seguridad
por el que los infantes podrían entrar.
Como se esperaba,
el capitán enemigo decidió cortar la gravedad artificial de la
nave, si no había quedado destruida. Casi todos los abordajes se
realizaban en gravedad cero porque para los seres humanos era más
complicado luchar así. El interior de la nave estaba lleno de
torretas y diseñado para desorientarse sin gravedad, con lo cual el
invasor siempre tenía desventaja.
Aún así, era una
desventaja superflua para la infantería de marina, que había sido
entrenada y equipada para un combate en gravedad cero. Sus armaduras
de asalto disponían de pequeños motores de maniobra y habían
pasado cientos de horas de entrenamiento en "habitaciones de
desorientación". Además, disponían de la ayuda de los drones, que se
usaban en las situaciones más arriesgadas y como reconocimiento. Los
soldados estaban armados con un lanzador múltiple de asalto, que era
en esencia un acelerador lineal de combate con capacidad para lanzar
multitud de proyectiles diferentes. En el casco disponían de un
láser de corto alcance, que solía utilizarse para eliminar
proyectiles que se aproximaran a la armadura, aunque con adversarios
poco protegidos servía como arma. Algunos soldados llevaban emisores
de microondas para limpiar habitaciones al estilo de los lanzallamas,
pero con mucho menos peligro. Otros llevaban escudos de cuerpo entero
para hacer de punta de lanza en habitaciones. Cada soldado también
llevaban un expendedor de granadas de mano, probablemente el arma más
útil en cuerpo a cuerpo. Finalmente, cada soldado llevaba una
pistola aceleradora y una espada corta (con más aspecto de machete puntiagudo que otra cosa), por si las moscas. La espada
corta acababa siendo usada más veces de lo que aparenta, ya que el
interior de las naves es angosto y el cuerpo a cuerpo es una
constante.
Una vez en la
fragata enemiga, los infantes se dividieron en escuadras de cuatro,
cada una de ellas con al menos un emisor de microondas, un escudo y
dos drones.
El combate en el
interior fue brutal. El objetivo era el puente de mando enemigo, que
estaba en el centro exacto de la nave. Los combates se resolvían
pasillo por pasillo, habitación por habitación, puerta estanca por
puerta estanca. Los drones se destruían con rapidez, los camarotes
estallaban en llamas brevemente con cada granada de fusión y los
muertos flotaban en los pasillos. Tras media hora de intensos
combates, se consiguió entrar en el puente de mando y se capturó a
la oficialidad, que ordenó rendirse a toda la resistenciade la nave.
La infantería de marina hubo de lamentar tres muertos y ocho
heridos, mientras que la tripulación rebelde tuvo decenas de bajas.
Una vez los
prisioneros fueron llevados a la nave y toda la información de
inteligencia enemiga y equipo de interés fuera capturado, la nave
fue abandonada.
La Acoma,
entonces, disparó su acelerador lineal principal con un dardo de
alta energía hacia el Orgullo de Antares y éste se desintegró
en miles de fragmentos, que fueron precipitándose lentamente hacia
el sol.
El capitán llamó
a su base por medio de comunicación de plegado y puso rumbo a casa.
La tripulación se
había ganado el sueldo.