jueves, 31 de diciembre de 2015

Crucero de batalla (o un experimento sobre posibles batallas en el espacio sideral)

 Bueno, no suelo escribir historias donde la tecnología y las armas sean lo principal, pero para un proyecto de relato de ciencia ficción ambientado en su propio mundo, quería primero dejar un trasfondo claro de tecnología y armas (pues en el relato principal habrá ambas cosas). Así que eso, he creado este relato experimental de "pornografía tecnológico-armamentística" como base para hacer otro, espero, de mejor calidad.

Espero que os guste lo suficiente de tal manera que no me sonroje de vergüenza.

 Ahí va:

Crucero de batalla


La oscura silueta de la astronave cortaba el silencio del vacío como una navaja. Los motores de plegado y los aceleradores nucleares estaban apagados, sin embargo, la inercia y la gravedad movían el navío en órbita alrededor del gran sol rojo.

Estaban de caza.

* * *

La colonia del cuarto planeta del sistema venía denunciando ataques continuados desde hacía casi una semana estándar. Los ataques consistían en rápidos bombardeos y golpes de mano desde la órbita por parte de un navío no identificado. Las exiguas defensas del planeta fueron desmanteladas en los primeros ataques. Fue una suerte que pudieran enviar un mensaje de plegado al puesto militar más cercano antes de destruir sus puestos de comunicaciones.

Ante la amenaza, se envió un crucero de batalla de la Sociedad de Naciones Terrestres, el Acoma, con la misión de identificar y neutralizar a la astronave enemiga.

El crucero partió a toda velocidad, con un plegado completo que le permitió alcanzar el límite de la gigante roja en menos de cuatro días tras el aviso. Al llegar al límite del sistema, se redujo la sombra de masa del Acoma apagando los motores de plegado. También se apagaron los aceleradores de fusión nuclear para evitar enviar ondas detectables. Tardaron un día más en llegar a las cercanías del planeta. Utilizando sensores pasivos, no detectaron tecnología alguna creando emisiones, por lo que la tripulación supuso que la colonia había sido destruida en su mayor parte. Una vez el Acoma cazara a su presa se enviaría un navío de socorro Por ahora no podían prestar ayuda a la pequeña colonia. Si lanzaban naves de rescate, detectarían el crucero y, posiblemente, la nave enemiga huiría o les atacaría por sorpresa. El crucero de de batalla, además, no estaba diseñado para contener a miles de refugiados.

Aprovechando el impulso gravitatorio del planeta, los tripulantes del Acoma alcanzaron una órbita ventajosa alrededor de la estrella apenas utilizando sus motores, mediante el cálculo adecuado del impulso. Lanzaron varias sondas muertas (es decir, sin motores, para evitar su detección) por el raíl de lanzamiento electromagnético, que las colocó en órbita de tal manera que cubrieran todo el sistema.

Ahora sólo quedaba esperar antes de actuar.

* * *

Al no poder utilizar sensores activos, que descubrirían la posición de la Acoma, debían confiar en sensores pasivos que detectaran radiaciones emitidas por el enemigo, sombras de masa (si el adversario iniciaba un motor de plegado) y detectores de brillo con la estrella.

Si un objeto pasaba por delante de una estrella, esta bajaba su brillo, aún en proporciones ínfimas. Ése objeto podía ser un planeta, un asteroide... O una astronave enemiga.

El Acoma esperó durante cuatro días más hasta que una lectura del detector de brillo dio una lectura extraña. El ordenador tenía un programa que filtraba de manera bastante efectiva las posibles faltas de brillo de una estrella, para así diferenciar las causas naturales de las artificiales. El objeto que producía una falta de brillo daba un resultado de un 77% de probabilidad de ser artificial. Según los archivos de tráfico del crucero, no había ningún satélite registrado en esa órbita.

El capitán del Acoma tomó la decisión de salir del modo silencioso y fijar el posible blanco. Si era el objetivo, no tenía escapatoria. Si no lo era, lo perderían, pero era una lectura muy prometedora.

Se encendieron los sensores activos y en menos de diez minutos el Acoma tuvo confirmación del objetivo: se trataba de una fragata ligera de los rebeldes antarianos. Según la información de inteligencia de la nave, se trataba de la fragata Orgullo de Antares, responsable del ataque y saqueo de multitud de colonias en los últimos diez meses.

Al detectar las emisiones, el Orgullo intentó escabullirse aprovechando el empuje gravitatorio de la órbita, intentando interponer el Sol entre la fragata y el Tacoma.

El crucero de batalla debía actuar antes de que la fragata enemiga se escabulliera. Al estar a una UA de distancia, los láseres no iban a ser útiles, así que el capitán decidió enviar un obús autopropulsado dirigido de larga distancia (comúnmente llamado torpedo interorbital). El obús despegó desde el acelerador lineal central del Acoma para alcanzar la máxima velocidad posible sin que el proyectil tuviese que recurrir al combustible propio. Una vez lanzado, tardaría casi media hora en alcanzar el objetivo, con lo cual el crucero se puso en marcha: al igual que el Orgullo, aprovechó la gravedad de la estrella y conectó los aceleradores de fusión y el motor de plegado. Además lanzó cuatro drones de combate para que se adelantaran, ya que al no estar pilotados por humanos, podían alcanzar aceleraciones superiores y llegar antes que el Acoma.

El combate que siguió fue más una especie de silenciosa y eterna caza del gato y el ratón: el crucero trataba de atrapar y alcanzar a la fragata mientras ésta trataba de compensar su falta de aceleración usando las fuerzas físicas a su favor e intentando interceptar con sus láseres el obús y los cuatro drones que el Acoma le había lanzado.

Interceptar el obús no era tarea fácil: el obús portaba varios sistemas de defensa, como pequeñas cúpulas de láser para interceptar proyectiles sólidos, además de una superficie reflectante para lograr desviar la mayor parte de la energía fotónica de los láseres contrarios. Además, el material exterior del proyectil estaba diseñado para disipar el calor, con lo que el torpedo debía exponerse a un haz de láser mucho más tiempo del habitual hasta ser destruido. Eso sin contar con que el proyectil, una vez que detectaba los primeros haces de láser, comenzaba un baile de maniobras evasivas para evitar que los láseres del enemigo se mantuvieran mucho rato en el mismo punto, lo que sería su perdición.

Aún así, la fragata contaba con suficientes baterías de láser como para derribar con una alta probabilidad el torpedo. De ahí que se hubiesen lanzado los drones.

Los drones eran objetivos difíciles de acertar y bien armados con dos láseres de defensivos y un potente haz ofensivo. Su objetivo era destruir las cúpulas de láser y los lanzadores enemigos para que el torpedo pudiera alcanzar el objetivo. Así, mientras los drones distraían a las baterías enemigas, además éstos se encargaban de dejarlas fuera de combate, aumentando las probabilidades de que el torpedo alcance el objetivo que, en este caso, eran los motores de fusión y de plegado.

Así, los drones consiguieron destruir casi todas las defensas exteriores del Orgullo, aunque uno de ellos quedó fuera de combate por un certero haz que alcanzó el "cerebro" del robot espacial.

Instantes después, la ojiva del torpedo se abrió, dejando visibles cinco pequeños misiles con cargas de fusión ligeras. Los misiles salieron del torpedo a apenas un kilómetro de distancia impactando al instante en los aceleradores de fusión y los motores de plegado, destrozando toda la popa de la nave y parte del negruzco y brillante exterior, lanzando un destello visible desde millones de kilómetros de distancia.

El Orgullo, sin impulsión, pegó un "frenazo" al pasar al espacio real, aunque siguió la trayectoria debido a su inercia. Desesperadamente, la fragata intentó desplegar velas solares como sistema de impulsión de emergencia, pero fueron rápidamente desgarradas por los tres drones restantes.

El Tacoma, diez minutos después, consiguió alcanzar la fragata enemiga e igualó su velocidad, manteniéndose a un kilómetro de distancia. El capitán ya había ordenado a la infantería de marina que se preaparara para un abordaje. Podía haber rematado la nave en ése instante con un dardo del acelerador lineal, pero quería prisioneros.

El abordaje era una de las operaciones más peligrosas que se podían llevar a cabo entre dos naves de batalla. A menos que se consiguiera eliminar las defensas exteriores de la nave enemiga, el abordaje era poco menos que un suicidio. Luego, una vez las tropas entraran en la nave, debían eliminar las defensas una por una. Las naves de guerra diseñaban su interior para ser fortalezas. Cada pasillo y cada habitáculo era una defensa formidable. El objetivo era evitar que el enemigo intentara el abordaje, que éste fuera tan difícil que al final decidiera desistir o bien que las bajas causadas por el abordaje fueran tan cuantiosas que consiguiera una victoria pírrica. En todo caso, para la nave abordaba no había muchas esperanzas a menos que tuviese navíos aliados cerca, ya que no tenía escapatoria.

Para este abordaje, el capitán del Acoma se decidió por la clásica nave de asalto con una escolta de infantería pesada y drones a su alrededor. La nave de asalto, que portaba un pelotón de 30 infantes y 12 drones de combate de 0G, intentaría acoplarse a una zona de la nave que fuera ventajosa para el asalto, como el centro, aunque a veces se prefería una escotilla para entrar con mayor rapidez (sin embargo, solían estar mejor defendidas). Una vez acoplada, la nave tardaría unos 10 minutos en crear una abertura artificial por el que los infantes y los drones de combate pudieran entrar. En esos 10 minutos podían ocurrir muchas cosas. Esa es la razón de que la nave de abordaje estuviera escoltada por una escuadrón de infantería pesada.

La infantería pesada llevaba un exoesqueleto blindado con armas pesadas que permitía enfrentarse a casi cualquier enemigo, tanto en el espacio exterior, como en tierra (o incluso bajo el mar, a profundidades moderadas). Para abordajes, solían llevar el llamado lanzador de pies. Éste era un acelerador lineal tremendamente largo con un escudo blindado desplegable en la punta. En el espacio, ponían los pies sobre el escudo, de tal manera manera que atacaban al objetivo "cayendo de pie" mientras disparaban. Esto ofrecía menos silueta para acertar a la infantería pesada y aumentaba su blindaje. Una vez llegaban a la superficie de la nave enemiga, activaban las suelas magnéticas de su armadura, cogían el lanzador a la manera de un rifle y replegaban el escudo para aumentar su visibilidad, creando un perímetro de seguridad alrededor de la nave de abordaje y vigilando especialmente las escotillas enemigas, por donde pueden salir nuevos enemigos, además de ojo avizor a torretas ocultas que pueden aparecer de improviso de la nave enemiga. Las torretas ocultas eran la causa de baja más común en estas tropas en los abordajes, así que tenían mucho cuidado con ellas.

Tal y como se describió ocurrió la maniobra. La infantería pesada eliminó a unos cuantos infantes enemigos que habían creado fortificaciones de emergencia en la superficie de la nave enemiga y consiguió eliminar dos torretas ocultas, siempre manteniendo la formación con la nave de abordaje. Los tres drones siguieron patrullando la superficie del Orgullo, en busca de adversarios.

La nave de abordaje se acopló a la fragata y en diez minutos consiguió hacer un boquete. Antes de que entraran las tropas, se despejó la habitación con un emisor de microondas que achicharró todo ser vivio y circuito dentro de la habitación, además de disparar varias cargas de fragmentación por si acaso.

Primero entraron los drones rápidamente, flotando. Crearon un perímetro de seguridad por el que los infantes podrían entrar.

Como se esperaba, el capitán enemigo decidió cortar la gravedad artificial de la nave, si no había quedado destruida. Casi todos los abordajes se realizaban en gravedad cero porque para los seres humanos era más complicado luchar así. El interior de la nave estaba lleno de torretas y diseñado para desorientarse sin gravedad, con lo cual el invasor siempre tenía desventaja.

Aún así, era una desventaja superflua para la infantería de marina, que había sido entrenada y equipada para un combate en gravedad cero. Sus armaduras de asalto disponían de pequeños motores de maniobra y habían pasado cientos de horas de entrenamiento en "habitaciones de desorientación". Además, disponían de la ayuda de los drones, que se usaban en las situaciones más arriesgadas y como reconocimiento. Los soldados estaban armados con un lanzador múltiple de asalto, que era en esencia un acelerador lineal de combate con capacidad para lanzar multitud de proyectiles diferentes. En el casco disponían de un láser de corto alcance, que solía utilizarse para eliminar proyectiles que se aproximaran a la armadura, aunque con adversarios poco protegidos servía como arma. Algunos soldados llevaban emisores de microondas para limpiar habitaciones al estilo de los lanzallamas, pero con mucho menos peligro. Otros llevaban escudos de cuerpo entero para hacer de punta de lanza en habitaciones. Cada soldado también llevaban un expendedor de granadas de mano, probablemente el arma más útil en cuerpo a cuerpo. Finalmente, cada soldado llevaba una pistola aceleradora y una espada corta (con más aspecto de machete puntiagudo que otra cosa), por si las moscas. La espada corta acababa siendo usada más veces de lo que aparenta, ya que el interior de las naves es angosto y el cuerpo a cuerpo es una constante.

Una vez en la fragata enemiga, los infantes se dividieron en escuadras de cuatro, cada una de ellas con al menos un emisor de microondas, un escudo y dos drones.

El combate en el interior fue brutal. El objetivo era el puente de mando enemigo, que estaba en el centro exacto de la nave. Los combates se resolvían pasillo por pasillo, habitación por habitación, puerta estanca por puerta estanca. Los drones se destruían con rapidez, los camarotes estallaban en llamas brevemente con cada granada de fusión y los muertos flotaban en los pasillos. Tras media hora de intensos combates, se consiguió entrar en el puente de mando y se capturó a la oficialidad, que ordenó rendirse a toda la resistenciade la nave. La infantería de marina hubo de lamentar tres muertos y ocho heridos, mientras que la tripulación rebelde tuvo decenas de bajas.

Una vez los prisioneros fueron llevados a la nave y toda la información de inteligencia enemiga y equipo de interés fuera capturado, la nave fue abandonada.

La Acoma, entonces, disparó su acelerador lineal principal con un dardo de alta energía hacia el Orgullo de Antares y éste se desintegró en miles de fragmentos, que fueron precipitándose lentamente hacia el sol.

El capitán llamó a su base por medio de comunicación de plegado y puso rumbo a casa.

La tripulación se había ganado el sueldo.

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