![]() |
| Imagen; http://newsdaytonabeach.com/ormond-beach-pd-stepping-up-crosswalk-safety-campaign/ |
Suspiró con fuerza, intentando no frustrarse. El barro,
barro es, y los sueños, sueños son. No hay nada que tú puedas hacer para
cambiarlos. Sólo puedes adaptarte, seguir intentándolo a toda costa y evitar
con todas tus fuerzas resignarte a la idea de que no vas a conseguirlo y el
esfuerzo no merece la pena.
-Bueno, vamos a dejarlo aquí mejor. La semana que viene
trabajaremos de nuevo en esto.- La psicóloga sonrió con benevolencia.
Sintió como si le concediera haberlo hecho tan rematadamente
mal. No avanzaba. Ella lo sabía pero seguro que no se
atrevía a decírselo. Se relajó al darle la primera calada al cigarro una vez en
la calle. Quería dejarlo, pero todo a su tiempo. Estaba en el cruce de dos
calles estrechas y, como de costumbre, caminó unos cien metros calle arriba
para pasar por el paso de peatones. Miró varias veces a ambos lados, aunque la
calle era de un solo sentido y sólo tenía un carril de circulación, y terminó
cruzando cuando creyó que era el momento adecuado. Retrocedió calle abajo los
mismos cien metros, para seguir por la calle que debía coger y giró a la
derecha por otra callejuela para evitar la gran avenida.
Ésta se estrechaba unos trescientos metros más al norte
hasta ser sólo de dos carriles. Se colocó en el semáforo tirando el cigarro al
suelo y pisándolo. No pasaba ni un solo vehículo a esas horas. La gente no se
detenía a esperar a que se pusiera en verde, simplemente echaban un vistazo y
pasaban con seguridad. Observó a cada persona que lo hacía imaginándose
haciendo lo mismo y le dio un escalofrío. Las imágenes del accidente le
vinieron a la mente cuando una niña con mochila cruzó corriendo la calle y el
corazón le dio un vuelco.
Sintió las palpitaciones golpeándole el pecho con fuerza,
retumbando en sus sienes. Volvió a sentir el traqueteo del coche al pasar por
encima del cuerpo tendido en la carretera. Los ecos de los gritos de los
viandantes le torturaban. La sangre se abría camino por el asfalto muy
lentamente y, de nuevo, le parecía avanzar sin moverse. Ya era tarde, ya estaba
muerta. Por más que corriera, no iba a cambiar nada. Oyó una voz lejana y salió de
su ensimismamiento dándose cuenta de que no estaba respirando.
-¿Me oye?- El adolescente que tenía delante parecía
confuso.- ¿Se encuentra bien?
Respiraba con fuerza, tratando de recuperar el aliento y asintió
varias veces.
-¿Seguro? ¿No quiere que llame a nadie?
-No, no… Tranquilo, estoy bien, gracias.- Pensó en
esforzarse por sonreír, pero desistió y le hizo un gesto para que siguiera su
camino. -No te preocupes. Muchas gracias, de verdad.
La chica que iba con él también estaba algo extrañada pero
le asintió un poco, reafirmándose en su respuesta. Ambos siguieron caminando,
cruzando la calle y entonces se dio
cuenta de que el semáforo estaba ya en verde. Se apresuró en pasar con rapidez
mientras sacaba otro cigarro y tiró el paquete vacío, resignándose a no fumar
más durante ese día.
Llegó a casa con el sudor empapando su frente. Se metió bajo
la ducha y apoyó las manos en los azulejos, dejando que el agua le golpeara la
cabeza. Cada vez se volvía más fría pero no hizo nada por regular la
temperatura. Dejó que le enfriara el cuerpo, despejándole la mente y
disolviendo la tensión de los músculos que acababa por producirle calambres por
las noches. Mientras cocinaba una cena sencilla, pensó en los supuestos
objetivos. Caminar durante más tiempo por la avenida sin que el tráfico le
disparara el pulso, mirar a los lados de la calle menos veces, controlar el nerviosismo
cuando la gente cruza la calle a su alrededor… Todo en vistas a caminar con
normalidad por la ciudad, sin dar enormes rodeos que le hacían tardar cuatro
veces más en llegar a los sitios. Pero si imaginaba el objetivo final, el
vértigo le encogía el estómago.
Esa noche durmió mal, como todos los días en los que había
tenido que salir a la calle. Al despertarse por la mañana, tomó la libreta de
la mesita de noche y escribió lo que había soñado antes de que se le olvidara.
Había leído por internet que había técnicas para tener sueños lúcidos de forma
voluntaria y poder controlar lo que pasaba y, después de unos meses sufriendo
los efectos de los somníferos, decidió dejar las pastillas e intentar hacer algunos
ejercicios de los que había encontrado. Si conseguía relajarse y dormirse con
más facilidad, ya sería un avance para su continuo estado de fatiga, pero si
además se deshacía de las pesadillas, la calidad del descanso sería estupenda.
Sin embargo, todo llevaba su tiempo y de momento, no había logrado grandes
resultados.
Caminó hacia el salón con el café hecho del día anterior en
la mano, entrando en la estancia con todas las persianas bajadas. «Debería
abrirlas» Pensó mientras las miraba. No quería ver ni oír los coches de la
calle. Las manos le sudaban mientras tiraba del cordel y las lamas se elevaron
poco a poco. La calle estaba tranquila y respiró con algo de alivio. Puso la
taza en el fregadero y abrió el grifo. No pasó nada.
Maldijo entre dientes abriendo y cerrando el grifo varias
veces. Abrió cada grifo de la casa y no consiguió nada. Temió un corte de agua
que después se confirmó en el comunicado del portal. Resopló al ver el papel y
pensar que tenía que ir a la tienda a por agua. La compra online no era
suficientemente rápida para esta ocasión. Tomó aire en profundidad y salió a la
calle. Entrecerró los ojos cuando el sol le dio en la cara y miró varias veces
a los lados. Caminó todo lo deprisa que pudo hasta la avenida, tratando de
acabar con eso cuanto antes, y vislumbró el largo paso de peatones que llevaba directamente a la tienda.
Apretó los dientes con fuerza, cerrando los puños mientras
se acercaba con cuidado al borde de la acera. Esperó paciente, delante del
tráfico, mientras un sinfín de coches, motos, autobuses y camiones levantaban
el aire bochornoso y sucio de la calle golpeándole en la cara. La
silueta roja se apagó y el hombrecillo de luces verdes invitaba a pasar. Esperó
a que todos los coches se detuvieran delante del paso antes de empezar a
caminar con pasos temblorosos. La calle se ensanchaba, no se acababa nunca. Un
chico pasó corriendo por su lado.
Siguió la trayectoria del chico y pudo ver por el rabillo
del ojo el coche que se acercaba a toda velocidad. No estaba frenando. Seguía
adelante. Acelerado, desbocado. El sonido del motor se hizo casi ensordecedor y
no pudo más que correr.
Corrió más de lo que había corrido nunca. Alcanzó al chico
que sólo parecía estar pendiente del autobús que estaba perdiendo. Se abalanzó hacia
él cayendo ambos al suelo y los neumáticos del coche chirriaron a escasos
centímetros de los dos, dando un giro brusco para evitar el embiste.
Todo estaba nublado. Apenas podía ver nada. Sólo oía
amortiguadas las voces de la gente que empezaba a amontonarse a su alrededor y
del chico, que tenía una expresión aterrorizada en el rostro. No había sangre.
No había más gritos de gente atemorizada. Todos suspiraban aliviados.

Muy chulo :)
ResponderEliminarYa sabes que escribiendo sobre trastornos mentales ya tienes mi atención ganada xDD
Jajajaja, yo sé que te sientes identificada xDD
Eliminar