viernes, 26 de junio de 2015

Relato para La Isla de Nabumbu

Este relato me ha hecho ganar ron y libros, así es que bien merece ser publicado. En el concurso no gané por votación del público pero Carlos García Miranda, escritor y guionista invitado especial al evento, me eligió como segunda ganadora.

Las bases del concurso para el relato, eran:

- Tiene que empezar o acabar con la frase “Soy un náufrago. Sálvame”
- Ha de hablar de un personaje timador pero de buen corazón.
- Debe aparecer o ser nombrada una mujer fuerte (física o psicológicamente).
- Tiene que estar escrito con narrador en segunda persona.
- No debe ocupar más de la cara de un folio.

Allá vamos:

-Soy un náufrago, ¡sálvame!

-Déjate de lamentos, Javi. No son ni las doce y ya estoy oyéndote.

La camarera está de un especial buen humor y te sirve el whisky dando un golpe en la barra. Dirías que está más gorda que ayer, pero a lo mejor simplemente te ha gritado más de lo normal.

-¡Eh, capullo! Deja de mirarme las tetas. Bébete eso y largo de aquí. Tengo esa patética voz tuya metida en las sienes.

-Siempre tan encantadora. Sabes que no puedo pagarte, ¿no?- le sonríes encantador y encoges los hombros, asumiendo tu condición de pordiosero con traje de Armani.

-¿Por qué te crees que te lo rebajo con el doble de agua que al resto?

-Me matas…- bebes un trago y haces una mueca, siendo ahora más consciente del regusto a cloro del agua del grifo. –Tengo que pedirte un favor, preciosa.

-No.- te lo dice a la cara, inclinando el imponente busto sobre la barra.

-No sabes ni qué es. Además, vas a ganarte unas perrillas.

-¡Ja! eso sí que no me lo creo.

-Te lo juro.- pones tu mejor cara de pena cuando finges que te importa que no te crean.

-Venga, sorpréndeme.- ella se queda mirándote, con una ceja dibujada con lápiz rojo oscuro levantada hasta el infinito.

-Sólo es para que me guardes una cosilla… En un par de días paso a recogerla.- te pones serio. La angustia de la situación aflora sin que tú te des cuenta. Ella ha notado que esa expresión sincera no es propia de ti.

-Joder… ¿qué pasa?

-Nada, me he metido en un lío. Ayudé al crío que vino ayer a verte.

-Eres imbécil… Tú sabes para quién hace recados, ¿no?

-Sí, sí… Por eso estoy jodido. ¿Me ayudas o qué?

Ella resopla y niega mientras coloca sonoramente los platos en la barra.

-Venga, va… Dame esa mierda.

-¡Gracias, preciosa! Mañana te compro un vestido bonito.

-Me valdría con que pagaras la lista de whiskys que me debes.

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