lunes, 13 de julio de 2015

La infancia infinita

 (Publicado originalmente en el nosequé mensual)

Tenía hambre y no se podía mover. Estaba malita y no podía andar bien sola. Si no ya habría ido a la alacena y habría cogido algo. Aún así tenía que tener cuidado. Su hermano podía pillarla y era un chivato. A su madre no le gustaba que cogiera cosas de la alacena cuando aún no era la hora de comer.

Era un aburrimiento de casa. Era tan aburrida, que se pasaba casi todo el tiempo durmiendo, ya que no se podía levantar. Tenía ganas de jugar, pero todos los niños estaban en la calle. Ninguno quería estar con una niña que no puede correr.

"Espera, ¿seguro que no puedo correr?", pensaba. No recordaba que su madre le dijera que no se levantara. De hecho, no sabía por qué estaba echada. Quería salir afuera, a jugar con sus hermanos y los demás niños del pueblo.

Intentó levantarse. Le sorprendió que le costara tanto. No era normal. Pasaba algo raro.

-¡Mamá!-gritó-¡Mamá!

Apareció de repente una persona que no conocía. Era una mujer, no mayor de treinta y cinco años de edad.

-Vamos, vuelve a la cama y estate quieta. -Dijo la misteriosa mujer- ¿Quieres que te ponga la tele?

Empezó a tener miedo. No conocía a esa mujer. ¿Qué hacía en su casa?

-¿Dondé está mi mamá? ¡Quiero a mi mamá!-chilló sin poder contenerse del miedo.

-Ya sabes que lleva años muerta, mamá. No empieces como ayer. -replicó la misteriosa mujer- Los vecinos se van a acabar creyendo que te hacemos algo.

Se vio las manos. Vio que estaban arrugadas y manchadas. Todo su cuerpo. Su madre estaba muerta. Ahora recordaba. Y sus hermanos. Y sus amigos. Ella era vieja. Y la misteriosa mujer era su hija.

Tuvo ganas de llorar.

-¡Déjame dormir!- dijo sólamente, volviendo la cabeza hacia la almohada para que no la vieran llorar.

-¿No quieres compañía, mamá? -dijo su hija- Llevas mucho tiempo encerrada...

-No. Déjame en paz.

-Vaya humor, mamá. Leches. Sólo quiero ayudar. -Dijo poniendo cara de haberse molestado.- De acuerdo, me voy. Llámame si quieres algo.

Ella, siendo anciana, lloró un poco y luego se durmió. Durmió con ganas porque sabía que al despertar sería una niña de nuevo.

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